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Los comienzos de Joan Crawford y sus extravagantes manías

Clasificado en Cine y Televisión, Grandes mujeres por Bender el 3 de Junio del 2008

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Su auténtico nombre era Lucille Fay Le Sueur, y llegó a convertirse en una de las más grandes estrellas del cine de todos los tiempos. Llegó a Hollywood en 1920, acariciando el sueño de ser bailarina y actriz. Pero como tantas otras chicas, no encontró trabajo y acabó dedicándose a la prostitución, con la particularidad de que sus clientes eran mujeres.

Su especialidad erótica, era su portentosa lengua, según dijo de ella la escritora Tallulah Bankhead, quien gozó de sus servicios en varias ocasiones: “Podía llevarte a las puertas del paraíso con un par de movimientos de su lengua”.

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Esos tiempos no fueron momentos fáciles para Joan. En 1922 fue arrestada por ejercer la prostitución, y rodó varias cintas pornográficas. Pero su suerte cambió al conocer a la periodista Hedda Hopper, quien la recomendó en la Warner Bros. El resto es historia del cine. Con el nombre artístico de Joan Crawford se convirtió en una diva de la pantalla y protagonizó filmes como “De amor también se muere” (1946), “Los condenados no lloran” (1950), y siempre se la recordará por su papel de Vienna, la mítica heroína de “Johnny Guitar” (1954).

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Cuando se encontraba en el momento más alto de su popularidad comenzaron a circular rumores sobre el hecho de que había participado en películas porno, cuando Joan todavía era conocida como Lucille. La actriz, entonces, se gastó alrededor de cien mil dólares en adquirir todas las copias de dichas películas con el fin de destruirlas.

Tiempo después, Joan averiguó que un coleccionista guardaba todavía algunas copias de “Labios de terciopelo” y “El lecho combado”. La casa del infeliz coleccionista ardió misteriosamente pocos meses más tarde, quemándose no sólo todas las películas que albergaba, sino también el dueño del hogar. Luego se dijo que un Conde de Austria poseía una copia de “El lecho combado” y que la veía todos los días en la soledad de su castillo.

En aquel tiempo, su vida sentimental era un verdadero desastre, no sólo se dedicaba a acostarse con jovencitos, sino que también fue citada al menos en dos ocasiones como «la otra» en procesos de divorcios.

A los cincuenta años poseía un cuerpo de ensueño a decir del que más tarde la dirigiría en la película Torch Song. Joan Crawford se presentó en casa del director, Charles Walters, ataviada con sólo un salto de cama y, tras desabrocharse el cinturón, le dijo: «Creo que debe usted ver con qué va a trabajar».

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Walters, sumamente impresionado, sólo pudo relamerse ante semejante e inesperada agradable visión. Su último marido, Alan Steele, era el presidente de Pepsi-Cola. A su lado seguramente ganó algo de calma y un cierto sosiego. Según sus palabras, fue al único hombre al que llegó a amar. Al morir él de un ataque al corazón en 1959, ella heredó una inmensa fortuna, de la que no fueron partícipes sus dos hijos mayores ya que, como resultado de la publicación de un libro en el que su hija mayor relataba la oscura realidad de las miserables relaciones que Joan Crawford mantuvo con ellos dos, ésta los desheredó. La actriz poco a poco fue abandonando el cine para dedicarse a su trabajo como empresaria de la Pepsi.

A medida que pasaba el tiempo, el comportamiento de Joan Crawford, que ya de por sí era una mujer llena de manías y rarezas, se hizo aún más excéntrico e imprevisible. Bebía con asiduidad, sobre todo vodka, y solía recibir a sus visitas en ropa interior. Por aquel entonces mantuvo relaciones, entre otros muchos, con los jóvenes actores Rock Hudson y George Nader. Cada vez que cambiaba de marido cambiaba el nombre de la casa donde vivía y hacía poner las tazas de los inodoros nuevos. Siempre había sido una maniática de la limpieza, pero su conducta se fue radicalizando con el paso de los años.

Acostumbraba a lavarse las manos cada cinco minutos, y seguía a sus invitados limpiando todo aquello que tocaban, especialmente los picaportes y las piezas de su colección china. Nunca fumaba un cigarrillo si no era ella quien había abierto personalmente la cajetilla y no fumaba ninguno más si a alguien se le ocurría sacar algún otro cigarrillo de su cajetilla. Otra de sus extravagancias consistía en que sólo podía dormir con pijamas blancos.

Entre sus enemigos, podemos recordar la rivalidad que mantuvo siempre con Bette Davis, y con la que trabajó en el emblemático film “¿Qué fue de Baby Jane” (1962). Es famosa la frase que la Davis pronunció sobre ella: “Se acostó con todas las estrellas masculinas de la Metro, excepto con Lassie”.

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Fuente: ABC

10 comentarios

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  • 10 comentarios para “Los comienzos de Joan Crawford y sus extravagantes manías”

    1. el 3 de Junio del 2008 a las 14:30Nienna

      Muy interesante Bender.Desconocía totalmente este pasado turbulento de la Crawford.
      Sabía lo de sus relaciones lésbicas,pero no que había trabajado con su cuerpo fuera de los platós cinematográficos…
      Yo soy de la opinión de que no hay que juzgar a los artistas por sus acciones pasadas,sino por sus trabajos que quedan para la posteridad. Olé para la Crawford!!

    2. el 3 de Junio del 2008 a las 16:04carlos_roda

      Tampoco sabía que había grabado películas pornográficas, pero como dice Nienna es lo que menos importa, además teniendo en cuenta que muchos y muchas de las grandes estrellas de ayer y de “hoy”, también lo hicieron, y si no, su vida privada era de lo más libertina y llena de escándalos que alimentaban la leyenda y la fascinación por el personaje, pero eso es algo tan respetable como el meterse a monja, y desde mi punto de vista incluso más, y mucho más divertido sin duda…
      Se decía también que esa rivalidad con Bette Davis, y que tan magistralmente queda de manifiesto en “Qué fue de Baby Jane”, era por la la admiración oculta que sentía hacia ella, y que la Davis lo sabía y no la soportaba.

      SALUDOS!

    3. el 3 de Junio del 2008 a las 18:18Sun-t

      Aun quedan copias de sus peliculas porno en algunas universidades norteamericanas. era un mounstro de la escena y una autentica cabrona en la vida real segun comentan sus partenaires en las peliculas

    4. el 3 de Junio del 2008 a las 22:43Jenny

      Una vida muy interesante que yo desconocía totalmente. Me ha llamado mucho la atención sus manías porque seguro que escondían mucho de ella.

    5. el 3 de Junio del 2008 a las 22:44Lady Guady

      Esto demuestra que las estrellas son subidas al cielo por los admiradores, pues en el fondo y en la superficie no dejan de ser humanas

    6. el 4 de Junio del 2008 a las 12:42Sick

      Las grandes mujeres también pueden perder la cabeza. Era una mujer muy bella.

      Saludooos!!

    7. el 4 de Junio del 2008 a las 19:13Rubén

      Impresionante historia, Bender. Tomo nota. Me ha gustado mucho.

    8. el 5 de Junio del 2008 a las 10:54Yo misma

      Toda una estrella de las que antes fabricaba Hollywood, para lo bueno y para lo malo. Buenísima la frase de la Davis.

    9. el 5 de Junio del 2008 a las 11:28Miski

      Impresionante…aunque no es de mis actrices preferidas, es una de las grandes divas del cine y no tenía ni idea de que fuese prostituta y de cómo se las gastaba. Gracias por la info.
      Un saludo.

    10. el 21 de Julio del 2008 a las 18:40Lexa

      Sabía de sus inclinaciones lesbianas desde hace mucho, pero se te olvidó mencionar un detalle de lujo!!!!!.
      La estrambótica Joan, mantuvo una relación fugaz con la despampanante Marilyn Monroe, la que, después de sólo un par de encuentros sexuales, huyó despavorida de la Crawford, comentando que las cosas que quería hacerle, la aterraban.
      En cuanto a ésta actriz, no importa como empezó a rebuscárselas, nó……pero sí como trataba a todas las personas, de manera utilitaria y despótica, sobretodo, a esos pobres chicos huérfanos que torturó durante toda su niñez, cosa más que sabida no solo por el libro escrito por la pobre Christine, sino por numerosos testimonios de amistades, amantes y sevidumbre ocasionales ( Y digo ocasionales, porque los vivía cambiando a todos, como seguiramente sabrás.).
      En resumen, una mujer nauseabunda.

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