Blog de juegos, ocio, cultura, naturaleza, videojuegos, música, arte, preguntas y noticias varias

Archivos para la categoría 'Historia'



Sissi, bulímica y anoréxica

Clasificado en Famosos y famosas, Historia, Psicología por Bender el 7 de Febrero del 2007

sissiosissi2.jpg sissiromy.jpg

Sissi Emperatriz no era la dulce princesita encarnada en celuloide por Romy Schneider. Vivía obsesionada por su delgadez, algo que afectó a su salud y a su carácter. La aureola romántica de la Emperatriz ha ocultado sus obsesiones por el físico. Su afición a comer dulces de forma compulsiva era compensada por maratonianas sesiones de gimnasia y dietas a base de carne cruda y sangre de buey.

Las valiosas piezas de platería y porcelana imperiales que se exhiben en la mesa de banquete del vienés Palacio de Invierno de Hofburg (Austria) no adornaron los ágapes de todos los miembros de la Casa Habsburgo que durante siglos ocuparon las diferentes alas del palacio.

Aunque las exigencias del marketing turístico nos hagan revivir la tradición imperial y el ceremonial palaciego, la emperatriz que más se saltó las reglas protocolarias, ausentándose en muchas ocasiones de las comidas reales, fue Isabel de Austria, más conocida por Sissi.

sissisissi.jpg

Casada desde los 16 años con el Emperador Francisco José, a los 25 años Sissi empezó a obsesionarse con su figura que quería mantener perfecta, según relata el libro Programas de las dietas de Sissi, que acaba de publicar la editorial austriaca Amalthea, de la escritora Gabriele Praschl-Bichler.

Con el enfermizo fin de mantener su peso de 50 kilos (repartidos en una estatura de 1,72) y de guardar su cintura de tan sólo 47 centímetros, Sissi se inventó una serie de dietas de adelgazamiento y hábitos alimenticios. A falta de especialistas en nutrición, que no existían en su época, nadie podía decirle a la emperatriz que su cuadro correspondía al de una enferma bulimaréxica. La palabra comprende a los aquejados de las dos enfermedades nutricionales más extendidas del Occidente actual: la bulimia y la anorexia.

Se observa en personas propensas a los atracones de comida compensados con la obsesión compulsiva de hacer ejercicio. Sus comportamientos obsesivos no sólo afectaron a sus dietas sino también a sus ocupaciones diarias, marcadas por un frenético afán de moverse, de no sentarse, de andar horas y horas por el monte y de montar otras muchas horas más a caballo.

sissielisabavaria.jpg

El desencadenante principal de esta recalcitrante manía de mantenerse bella y delgada surgió a raíz de sus tres primeros embarazos.Sissi tuvo cuatro hijos: Sophie (que murió a los dos años), Gisela, Rodolfo y Valéry. Sissi no sólo no deseó jamás descendencia.Además aborrecía a los niños y odiaba el olor de los bebés.

Las torturas a las que sometió su cuerpo grácil no solo atentaron contra su salud, sino que además aumentaron su irritabilidad y le provocaron insomnio. Un consomé compuesto por una mezcla de carne de ternera, pollo, venado y perdiz; carne fría, sangre de buey cruda, leche, tartas, pasteles y helado constituyeron los alimentos principales de la Emperatriz.

Prescindió durante casi toda su vida adulta de verduras y de fruta, a excepción de las naranjas. Su apetito no se mostraba ante cualquiera. La Emperatriz desaperecía normalmente de la mesa si estaba en presencia de su marido o de su familia política.

Los únicos privilegiados que llegaron a disfrutar de la imagen de la Emperatriz sentada a una mesa debidamente puesta fueron sus ocho hermanos y hermanas, algún que otro miembro escogido de su familia de Baviera, los Wittelsbacher; su hija menor, Valéry, a la que adoraba y a la que solía referirse como su única hija; y su profesor de equitación, el inglés Bay Middleton, de quien se enamoró perdidamente.

Se dejó influenciar por las dietas que seguían los jinetes ingleses con los que participó en un sinfín de monterías, convirtiendo el beefsteak crudo en el único alimento que solía tomar durante sus largas horas a caballo.

sissi1023101950_p.jpg

Ni siquiera en su castillo húngaro de Gödöllö, donde tenía su propia cuadra con más de 60 caballos, dejó de aplicar este férreo tratamiento, cuya austeridad compensaba muchas veces con la celebración de espectáculos circenses y noches de música zíngara. Su especial relación con Hungría, país del que fue reina, es de sobra conocida.

No sólo adoraba el ardor y la vivacidad de los húngaros, sino que además influyó decisivamente en el importantísimo acuerdo que se firmó en 1867 entre Austria y Hungría, conocido como el Compromiso Austro-húngaro, por el que se creó la doble monarquía conservando cada estado su propia administración e instituciones.

A su preferida, Valéry, la llamaba «mi hija húngara», por haber nacido en ese país. Casi todos los diarios escritos por Valéry hacen mención especial a los arranques de apetito que de vez en cuando tenía su madre. Cuando Sissi se juntaba con sus hermanos ingería grandes cantidades de chocolate, tartas de crema y helados (su preferido era el de violetas).

Su propio establo

Su bebida favorita era la leche, una de las pocas pasiones que llegó a compartir con su marido. En el palacio de verano de Schönbrunn mandó instalar un establo. Para no prescindir de leche fresca durante sus largos viajes, solía transportar vacas, cabras o corderos con ella.

Las dos semanas que solía pasar cada año en su castillo de Achilleon, en Corfú, implicaban el trasiego incesante del yate imperial Miramar, que desde Trieste hacía llegar sus pedidos de chocolote, especias, vino, cerveza y carne.

sissisissi-portrait-4.jpg

Sus extravagancias también se reflejaron en sus fantasías literarias. Entusiasmada por los relatos de Homero, convirtió sus viajes en barco a Corfú en verdaderas emulaciones de la Odisea, que revivía haciéndose atar al mástil en las jornadas más tempestuosas. Los atracones de pasteles los compensaba con singulares dietas creadas por una terquedad inusitada y una voluntad férrea.

Las más conocidas consistían en un revuelto de cinco o seis claras de huevo con un poco de sal, o en el caldo que desprende la carne cruda, líquido que llegó a tomar a diario en los últimos años antes de ser asesinada en Ginebra en 1898 por el anarquista Luigi Lucheni, quien en realidad planeaba un atentado contra el pretendiente al trono francés, Henri de Orléans.

El kéfir, una bebida láctea espesa fermentada por bacterias y hongos que en aquella época era muy conocida en Rusia pero no se consumía en Centroeuropa, fue otro de los alimentos que incluyó pocos años antes de su muerte en sus curas de adelgazamiento.

Otro de sus experimentos más conocidos fueron las «curas de la glándula tiroidea» a base de un líquido que procedía de glándulas tiroideas animales.

sissisissiyoung.jpg

La pasión de montar

Como buena Wittelsbacher (estirpe que gobernó Baviera desde el siglo XII hasta la I Guerra Mundial) la equitación fue una de sus grandes pasiones. Esta afición la compartía con los Habsburgo, la familia de su esposo, que en contraposición a los Borbones, más interesados por el arte, mostraron siempre gran fascinación por la naturaleza.

La necesidad de esparcimiento al aire libre la heredó de su padre, el duque Maximiliano, hombre de espíritu liberal que inculcó a sus nueve hijos el amor por la montaña, el campo, los animales, la equitación y hasta la acrobacia circense.

Una vez cumplidos los 40, Sissi siguió con sus clases de acrobacia sobre caballo a galope con Elise Renz, la hija de un director de circo. Su afán perfeccionista como amazona no sólo afectaba al arte de montar, que realizaba muy femeninamente de lado, sino también a su atavío. Una vez sentada en el caballo mandaba coser su traje de falda larga para que los pliegues tuvieran la caída perfecta.

Sissi se negó a practicar deportes de moda como el tenis. La necesidad de un compañero de juego contradecía sus ansias de independencia. Practicó la natación, la esgrima, el senderismo y, a los 60, poco antes de morir, aprendió a montar en bicicleta.

La emperatriz díscola encontró en la gimnasia una actividad cotidiana que extendía de manera compulsiva a lo largo de varias horas, algo inusual para una dama de su tiempo. En todos los palacios en los que llegó a pernoctar mandó colocar espalderas, anillas y escaleras.

sissisissy.jpg

Sus paseos de seis horas por el monte inspiraban las quejas más asiduas de sus damas de compañía y personal de seguridad, que no podían seguirla. Vencer las laderas escarpadas era su debilidad, y las coronaba gracias a su frenética y exaltada necesidad de movimiento.

Sissi prohibió colocar sillas en sus salas de audiencia y dicen que andaba de un lado a otro mientras escuchaba a las visitas. A partir de 1882, a la edad de 45 años, pocos meses después de abandonar la equitación (al parecer nada más conocerse el anuncio de casamiento de su profesor de equitación, Bay Middleton) empezó a aprender esgrima, y sustituyó las monterías y la caza del zorro en Inglaterra o Irlanda por las largas marchas.

En una ocasión anduvo 30 kilómetros en tan sólo siete horas. Su vanidad se acrecentó a lo largo de los años y ni siquiera las noches le proporcionaban el merecido descanso. Para preservar su figura decidió ceñir sus caderas con paños húmedos varias veces por semana.

Sus actividades corporales compulsivas y su estrechez de miras a la hora de alimentarse acrecentaron un carácter ya de por sí neurasténico, afectando negativamente a su salud. Sissi sufrió reúma, neuritis y edemas por todo el cuerpo, causados por su ayuno flagelante.

Desde los 44 años sufrió casi permanentemente dolores de ciática y acumulación de líquido en las piernas. Sus visitas a los balnearios de Karlovy Vary, Gastein, Baden-Baden o Bad Kissingen no contribuyeron demasiado a mejorar su estado. El único médico que logró cambiar un poco sus manías nutritivas fue Georg Metzger, que probablemente echó mano de la psiquiatría.

Las fotos prohibidas

A partir de los 50, el cutis de Sissi estaba muy deteriorado, motivo por el cual siempre llevaba velo. Las últimas fotos o cuadros que se hicieron de la emperatriz datan de cuando tenía 30 años. Tras cumplirlos se negó a posar más, y su pésima dentadura nos ha privado de imágenes risueñas.

Hace años, una exposición organizada en Austria rompía con la aureola romántica tejida alrededor de la emperatriz, sobre todo a raíz de las películas protagonizadas por Romy Schneider, y mostraba el contenido del botiquín que solía llevar en sus viajes. En él no faltaban un frasco de morfina ni la jeringuilla para la cocaína.

sissisissy2.jpg

Por Mónica Fokkelman, visto en El mundo


5 comentarios

Otras entradas

Sobre los perfumes del siglo XVIII

Clasificado en Historia por Bender el 31 de Enero del 2007

antonietalavender.jpg

Hasta comienzos del siglo XIX, el perfume se utilizaba para vencer el hedor y la pestilencia reinantes. Los nobles demostraban su delicadeza poniéndose un pañuelo perfumado bajo la nariz, comprando guantes curtidos en Grasse, perfumados según receta autóctona.

La idea de bañarse fue una aportación de los pueblos primitivos y paganos y fue acogida con suspicacia por los pueblos civilizados, vamos, que eran más guarros que la Toti.

En la corte de Versalles, las damas de alta alcurnia llevaban cosidas al bajo de sus vestidos, pedazos de carne cruda para que las pulgas, las chinches y los piojos acudieran allí en busca de sangre.

versallespulgascarne.jpg

Fue en el siglo 18 que la extravagante y ostentosa reina de Francia, Maria Antonieta, fue la primera en importar de Inglaterra a la corte francesa la idea de una piel fresca y de buen aroma.

Según la historiadora de perfumes, Elizabeth de Feydeau, Maria Antonieta escandalizó a sus damas de compañía al adoptar el hábito inglés de bañarse todos los días. Le ordenó a su fabricante de perfumes crear sales aromáticas que volvieran opaca el agua, en aras de la modestia, para bañarse a la vista de sus cortesanos.

antonieta42345297_marie203i.jpg

“Fue la primera mujer en Francia en usar el perfume no para encubrir un mal olor, sino por razones sensuales, para atraer y excitar”, dice la historiadora.

No es de extrañar que los campesinos le cortasen la cabeza en un arranque de furia revolucionaria.

Pero algo de Maria Antonieta ha sido recobrado a la vida. Elizabeth me muestra un palito perfumado pidiendo que lo huela: es el perfume de Maria Antonieta, recreado a partir de los ingredientes que ella adoraba.

Una fuerte mezcla de bergamota y cedro, el aroma de un Versalles desaparecido hace mucho tiempo, llena el aire, y con el, la gloriosa idea de una reina que murió por el crimen de importar la higiene personal a Francia.

antonieta_061213_450.jpg


7 comentarios

Otras entradas

El Manneken Pis

Clasificado en Construcciones impresionantes, Historia por Bender el 28 de Enero del 2007

manneken-pis-large.JPG

El Manneken Pis (en dialecto bruselense Menneke Pis, ‘niño que orina’) es una estatua de bronce de unos cincuenta centímetros situada en el centro histórico de Bruselas (Bélgica) que representa a un niño pequeño desnudo orinando dentro del cuenco de la fuente. Junto con el Atomium y la Plaza Mayor es uno de los símbolos de la ciudad y una de sus principales atracciones turísticas, simbolizando el espíritu independiente de sus habitantes.

Hay varias leyendas tras esta estatua, pero la más famosa es la del duque Godofredo II de Brabante. En 1142, las tropas de este señor de dos años de edad batallaban contra las de los Berthout, señores de Grimbergen, en Ransbeke (actual Neder-over-Heembeek). Las tropas pusieron al infante señor en una cesta y la colgaron de un árbol, para animarse. Desde allí, éste orinaba sobre las tropas de los Berthout, que terminaron perdiendo la batalla.

Otra leyenda cuenta que en siglo XIV Bruselas llevaba bastante tiempo sitiada por una potencia extranjera. Los atacantes había ideado un plan para colocar cargas explosivas en las murallas. Sucedió que un niño pequeño llamado Juliaanske estaba espiándoles cuando las preparaban. Orinó sobre la mecha encendida y salvó así la ciudad.

manneken_pis_01.jpg


1 comentario

Otras entradas

Los dolorosos problemas de un real culo: la fístula in ano de Luis XIV…

Clasificado en Historia por Bender el 26 de Enero del 2007

El Rey Cristianísimo estaba inquieto, molesto, dolorido “por un tumor que le ha salido en el trasero; ha guardado cama todo el día”, anotaba en su diario un aristócrata cortesano en febrero de 1686. Le molestaba al andar, le dolía al sentarse, parecía estallarle, y con él todo el cuerpo, si montaba a caballo. Le pusieron ungüentos y cataplasmas, le dieron purgas, lo sometieron a severos regímenes alimenticios. Nada. Algunos eran hasta contraproducentes. El rey no podía seguir sus actividades ordinarias. Quería trabajar, despachar, pasear, cazar… Y trabajaba, despachaba, paseaba, cazaba… pero a menor ritmo y siempre con la puñetera fístula jodiendo de lo lindo.

luis141.jpg

Al margen y antes de continuar: en el siglo XIX uno de los grandes historiadores franceses, Jules Michelet, le concedió tanta importancia a este asunto que llegó a hablar de un antes y un después de la fístula en la vida y el reinado de Luis XIV y, por lo tanto, en la historia de Europa; hoy las interpretaciones de los historiadores van por otros derroteros.

Un día retirado, otro en cama, el siguiente “tomando medicina”… Los rumores se desataron. Y los embajadores transmitían noticias (contradictorias) e inquietud a sus cortes. El rey de Francia está enfermo. Está mejor. Ha empeorado. Hoy ha salido y ha impuesto sus manos a un batallón de escrofulosos. Taumaturgo con los demás e impotente consigo mismo. Los más osados dijeron que estaba a las puertas de la muerte. Incluso hubo rumores de que había fallecido, lo que supondría grandísimos cambios en Europa.

Pero no, Luis XIV estaba vivito y coleando, aunque jodido, muy jodido. Y en su fuero interno empezaba a desesperarse, maldecía su condición humana y urgía al médico real, D’Aquin, a que buscara una solución. Se dijo que se estaban ensayando en otros enfermos del mismo mal pócimas y remedios diversos para después aplicar los más efectivos al monarca. Pero no parecía haber ninguno bueno. D’Aquin sugirió que no estaría mal un viaje al balneario de Barèges. Empezaron a preparar las cosas. Luego se pensó si merecería la pena someter a Su Majestad a la tortura de un viaje de doscientas leguas para probar un remedio, cuando menos, dudoso. La corte, que había empezado a regañadientes los preparativos, respiró aliviada cuando se anunció la suspensión del viaje.

La única solución era la cirugía. Pero no parecía ser del agrado real. Por miedo, anotó en secreto y con mala leche un cortesano en su diario. Porque se trataba de una operación peligrosa, se decía oficialmente.

El que sí estaba muerto de miedo era Charles Félix de Tassy, el cirujano real. En su vida había operado una fístula. Pero encontró la forma de adquirir experiencia rápidamente. Pidió que se enviaran a París todos los enfermos del mismo mal que se pudiera. Y empezó a operar fístulas a destajo. Ideó también un bisturí especial. De plata se lo construyeron. Y desde entonces se llamó bisturí real.

Finalmente, el rey se decidió a someterse a la operación. El 17 de noviembre, de vuelta de Fontainebleau, se encontró incomodísimo en el paseo por los jardines de Versalles (todo un numerito debió de ser ver al rey intentando mantener el porte obligadamente majestuoso con el culo, a cada nuevo paso, en plena efervescencia de dolor). Reunió en secreto a sus médicos. La operación sería al día siguiente.

luiswm5.jpg

El día 18, a las ocho de la mañana, cuando entraron médicos y cirujanos (actuaba de testigo y posible ayuda otro más, afamadísimo él) en la cámara real, vieron que el rey “dormía profundamente, prueba evidente de la tranquilidad de su alma”, anotó D’Aquin en sus papeles. Le despertaron, preguntó con naturalidad si estaba todo listo, se arrodilló a los pies de la cama, rezó en silencio y, elevando los ojos al cielo, murmuró: “Dios mío, me pongo en vuestras manos”. Volvió a la cama, adoptó la postura idónea y dio orden a Félix de que empezara la operación. “El rey no gritó y dijo solamente ¡Dios mío! cuando se le hizo la primera incisión” (no, esto no quiere decir que Luis XIV fuera necesariamente un ejemplo de valentía y aguante; lo necesario era recoger y transmitir esa imagen). Y luego “le dijo a Félix que no ahorrara ni un corte, que le tratara como al más ínfimo particular de su reino”.

Félix siguió actuando, incisión aquí, corte allá, envuelto en un sudor frío. Una sangría en un brazo dio por acabada la operación (gloriosas prácticas quirúrgicas las de entonces: para recuperarse de una operación, nada mejor que debilitar el cuerpo con una nueva y copiosa efusión de sangre). Y el rey pudo reanudar su vida ordinaria con relativa normalidad. La ceremonia de levantarse de aquel día sólo se retrasó una hora y aquella misma tarde, después de comer, asistió a un consejo.

Otro inciso. Habrán leído, quizá, que fue tanta la tensión a que estuvo sometido Charles Félix, el cirujano real, durante la operación, que desde entonces le quedó un incurable temblor en la mano. No hagan caso: sólo fue en su vejez cuando se vio afectado por una enfermedad nerviosa que le produjo dicho temblor; pero la leyenda que les he dicho era más bonita y fue lo que se contó después.

La convalecencia, sin embargo, fue larga y transcurrió no sin contratiempos y hasta finales de diciembre de 1686 no se anunció oficialmente la curación total.

luis14.jpg

Visto en: Opusmusica


4 comentarios

Otras entradas

¿Por qué la bandera española es roja y amarilla?

Clasificado en Historia, Preguntas y respuestas por Bender el 24 de Enero del 2007

En el siglo XVIII, eran frecuentes los enfrentamientos navales de España con otros paises vecinos, pero en las banderas que portaban los navíos, predominaba el color blanco (España, Francia, Gran Bretaña, Sicilia, Toscana…). Esto provocaba muchas confusiones, ya que no se podía diferenciar si el buque era propio o enemigo, muchas veces hasta tenerlo prácticamente encima.

Banderas antiguas

banderasband_vex_image159.jpg banderasband_vex_image157.jpg

banderascombatesxvii.jpg

En 1785, Carlos III se percató de este detalle, y encargó a su Ministro de Marina que le presentase varios modelos de banderas, con la única condición de ser visibles a grandes distancias. El Ministro convocó un concurso seleccionando doce bocetos de los presentados, los cuales mostró al rey. El Soberano eligió dos de ellos, a los que varió las dimensiones de las franjas, declarándolos reglamentarios el primero para la Marina de Guerra y el segundo para la Mercante.

banderains_vexi_bamprimi.jpg

Por Real Decreto de 28 de Mayo de 1785, dispuso:

“Para evitar los inconvenientes y perjuicios, que ha hecho ver la experiencia, puede ocasionar la Bandera Nacional de que usa mi Armada Naval y demás embarcaciones españolas, equivocándose a largas distancias o con vientos calmosos, con las de otras naciones, he resuelto que en adelante usen mis buques de guerra de Bandera dividida a lo largo en tres listas, de las que la alta y la baja sean encarnadas y del ancho cada una de la cuarta parte del total y la de enmedio amarilla, colocándose en esta el escudo de mis Reales Armas reducido a dos cuarteles de Castilla y León con la Corona real encima… “.

La bandera española desde ese momento, tuvo esos colores, aunque los escudos fueron evolucionando con el tiempo, hasta la última disposición de 1981.

banderasband_vex_image001.jpg banderasband_vex_image261.jpg


27 comentarios

Otras entradas

La guillotina ¿mata al instante?

Clasificado en Historia, Preguntas y respuestas por Bender el 20 de Enero del 2007

guillotine01.jpg

Ante la decapitación por la guillotina, surge un problema planteado por algunos médicos: la muerte puede no ser inmediata y la cabeza separada del cuerpo sigue viviendo un cierto tiempo. La cabeza no está muerta sino moribunda.

Es más, se piensa que los guillotinados durante la Revolución Francesa, tenían tiempo de ver cómo los asistentes a la ejecución les vituperaban cuando el verdugo sujetaba su cabeza para enseñarla al público… Eran sólo unos segundos, el tiempo que tardaba el cerebro en perder cualquier rastro de aporte sanguíneo.

El fisiólogo Paul Loye, no faltaba a ninguna ejecución capital que tuviese lugar en París y a veces iba también a presenciar algunas ejecuciones de provincias. Escribió un libro con sus observaciones al que tituló “La mort par décapitation”.

guillotinacut.gif

En ella apunta el hecho de que el condenado, con mucha frecuencia sufre un síncope antes del momento fatal y cuando el verdugo le decapita es ya prácticamente un cadáver. La ansiedad, la angustia, la emoción suelen producirles un shock.

Las entrevistas realizadas a verdugos confirman esta circunstancia. Por ejemplo, Brand, el ejecutor de Berlín, afirmaba que de cada 10 criminales ejecutados por él, apenas uno iba más o menos íntegro al suplicio. Los otros estaban ya medio muertos cuando les ponía la mano encima. Eran una masa inerte, sin fuerzas, insensibles. Deibler, el ejecutor de París decía casi lo mismo. El verdadero dolor no lo sienten al ser guillotinados, sino en los momentos que preceden a la muerte. Es un dolor moral.

Los dirigentes de la Revolución francesa adoptaron la guillotina por recomendación de la Academia de Cirugía para realizar las ejecuciones capitales. La Academia recomendó el instrumento inventado por un médico, el Dr. Guillotin, por lo rápido y limpio que producía la muerte. Afirmaban los técnicos que el dolor duraba escasas fracciones de segundo, el tiempo que tardaba la cuchilla en cortar la cabeza.

guillotin.jpg

El Doctor Joseph Ignace Guillotin

El famoso médico-legista Brouardel decía que “la decapitación es la forma de suplicio que suprime más completamente los dolores que resultan de la aplicación de la pena e incluso los que en otras formas de pena de muerte resultan de la falta de precisión y destreza del verdugo”.

bruardel.jpg

El doctor Paul Brouardel

Paul Loye, además de sus observaciones en numerosos sujetos condenado a la pena capital, realizó experimentos en animales. Todo le demostró que desde el punto de vista humano, constituía un progreso sobre el ahorcamiento, la estrangulación, la rueda, la hoguera y el descuartizamiento. Por ejemplo, los patos tienen más facilidad que los pollos para vivir sin cabeza. Eso forma parte del conocimiento popular; si le cortas la cabeza a un pato y lo sueltas, saldrá corriendo, golpeándose con todo porque no ve nada, pero corre y aguanta al menos un par de horas sin ningún problema.

Ya durante la Revolución francesa, se propagó la idea de que la cabeza seguía pensando y sufriendo una vez separada del cuerpo. El famoso anatómico alemán Dr. Soemmering indicaba que “la decapitación sólo existía en países notables por la estupidez y la brutalidad de sus leyes”. Consideraba que la cabeza separada del cuerpo conservaba unos segundos (o una hora ¿quién sabe?) sensibilidad y pensamiento. Se podían observar movimientos espontáneos en las cabezas. El Profesor de Anatomía Dr. Sue, decía que no sólo la cabeza, sino el cuerpo, manifestaba signos de sufrimiento después de la decapitación. A partir de 1794 surge un vivo debate entre los médicos, iniciado por el Dr. Soemmering en Alemania y el francés Dr. Oelsner, quienes se preguntan si la muerte sobreviene coincidiendo con el acto de la decapitación.

guillotinasoemmeting.jpg

El Doctor Soemmering

Recordaba la circunstancia de que cuando un enfermo sufre la amputación de un miembro (brazo, pierna), aún años después de haber cicatrizado el muñón, sigue “sintiendo” su pierna y dolores en ella como si aún existiese la pierna o el brazo. Los siente en el lugar que ya no están. Este es un hecho comprobado por la Cirugía moderna.

Al no recibir irrigación sanguínea, las células del cerebro del decapitado pierden su vitalidad y su función. En los experimentos en animales decapitados, se ha podido observar la existencia de movimientos y contracciones en la lengua, ojos, párpados, labios, narices. Si se toca la córnea, los párpados se cierran. Pero se ha dicho que son actos inconscientes, reflejos. El animal decapitado es un animal asfixiado con tensión arterial cero. Los movimientos que pueden presentarse son asfícticos.

El cerebro no irrigado puede vivir dos minutos, decía Laborde. Vulpian lo negaba. Por su parte, Loye afirmaba que la muerte sobreviene por un doble mecanismo en el guillotinado: por inhibición y por asfixia, lo que produce la pérdida de conciencia instantánea.

guillotine3.jpg

Según las observaciones de Loye en decapitados, la cabeza separada del cuerpo conserva durante dos o tres minutos una calma absoluta y después de este periodo se producen a veces movimientos espontáneos de la cara con apertura y cierre de la boca, oscilaciones de los ojos. Goncourt, citado por Varigny, de quien tomo estos datos, dice que “algunos decapitados, después de 45 minutos de la muerte, si se les pinza en el pecho, llevan la mano al lugar del pinzamiento con un movimiento vivo.

Otros fisiólogos han hecho observaciones en la cabeza de los guillotinados, como Holmgren, Regnard y otros. Todos confirman que en la cabeza cortada se pueden provocar movimientos por diversas excitaciones de la piel, nervios y músculos, así como pueden observarse movimientos en los párpados y pupilas, pero las consideran simples reflejos en los que no interviene la conciencia.

La tradición cuenta de la Reina María Antonieta que cuando fué decapitada, el verdugo orgulloso de su obra, cogió la cabeza por el resto del cabello que le habían dejado y levantándola en alto, la mostró a la muchedumbre y para más escarnio, le abofeteó el rostro. Y sigue contando la tradición que el rostro se sonrojó y la cabeza “se quejó”.

marie_antoinette_execution.jpg

Ejecución de Maria Antonieta

Se cuenta también el caso de Lacenaire quien había prometido a un médico, filósofo y amigo que iba a presenciar su ejecución en la guillotina, que después de la decapitación, le haría un guiño con el ojo, lo que significaría: “¡Aún estoy aquí!”. Se mantuvo el condenado muy sereno hasta el final, pero la cabeza no hizo el guiño prometido.

Cuenta Varigny otro caso parecido, el de Couty de la Pommerais que había concertado con el famoso médico Vealpeau hacer también un guiño después de ser decapitado. Se dice que no hizo tal gesto la cabeza, aunque Vealpeau nunca dijo ni escribió nada sobre esto.

Brown-Sequard decía que la decapitación mataba sin agonía, sin convulsiones, en perfecta calma, anulando el poder reflejo y el automotor. La hemorragia súbita hace caer la tensión a Cero en 1/10 de segundo y paraliza la conciencia, la voluntad, la inteligencia y la sensibilidad.

Vulpian señalaba que la transfusión sanguínea en la cabeza depués de la decapitación, produciría “un grand et terrible spectacle”. Aunque parezca increíble, esta experiencia fué intentada por algunos médicos franceses, pero nunca pudieron hacerlo “inmediatamente” sino pasados varios minutos y no obtuvieron ningún resultado. El experimento parece del peor gusto y creo que nadie tiene derecho a realizarlo. Es algo inhumano, tan indigno como los crímenes que pudo cometer el ajusticiado o aún más. Y aún más increíble es la preparación del criminal antes de la ejecución para poder realizar esta experiencia, ya que es preciso practicar “in vivo” la denudación de las carótidas con la colocación en ellas de una cánula adecuada para el paso de la sangre transfundida a la cabeza.

guillotine04.jpg guillotine08.jpg

No en una, sino en varias ocasiones se ha dado el caso de que durante las guerras, un obús produjo impacto directo sobre la cabeza de un soldado decapitándolo. Seguidamente se pudo ver aquel cuerpo sin cabeza cómo daba algunos pasos continuando con los gestos del que avanza, mientras un surtidor de sangre brotaba por las carótidas seccionadas y breves instantes depués el cuerpo caía de bruces tras la inercia de su avance.

El corazón de un decapitado continúa latiendo hasta 25 minutos después de la separación de la cabeza. La respiración, sin embargo, se detiene completamente casi enseguida.

L. Capitán comunicó a la Societé de Biologie de Paris (25 junio 1898) sus observaciones durante la ejecución de Carrara, un asesino reincidente. Al llegar ante la guillotina, el condenado estaba pálido como un muerto y casi inerte cuando se le colocó el cuello en el aparato. Después de la decapitación, la sección del cuello quedó al principio exangüe. No salió nada de sangre durante breves momentos, pero al caer la cabeza en el cesto y el cuerpo sobre la plataforma de madera, de pronto brotaron unos chorros de sangre hasta un metro de altura. Interpreta este hecho Capitán, diciendo que el condenado debió sufrir un síncope cardiaco con detención momentánea del corazón debido a la emoción. La acción física producida por la sección de las carótidas al caer la cuchilla, estimuló las contracciones del corazón que comenzó a latir siendo su impulso lo que hizo surgir los chorros de sangre. Y termina su comunicación diciendo que si a Carrara no le hubieran guillotinado, de todas formas hubiera muerto por paro cardiaco, debido a la emoción del miedo.

guillotine05.jpg

El famoso anatómico inglés John Hunter, durante una polémica ante un jurado, fué contradicho por uno de sus colegas. Fué tal la reacción de disgusto que experimentó Hunter que quedó muerto en el acto.

Auberive escribió una obra titulada: “Anecdotes sur les décapités”, publicada en París en el que cita la célebre anécdota de María Estuardo, cuya cabeza decapitada habló. Y menciona también una experiencia realizada por médicos sobre un sujeto joven condenado a ser decapitado. Apenas terminada la ejecución, los cirujanos detuvieron la hemorragia de cabeza y tronco, ajustando ambas partes con la mayor precisión posible: vértebra con vértebra, nervio con nervio, arteria con arteria, estimularon la respiración aproximando líquidos volátiles a la nariz y entonces la cabeza pareció reanimarse. Percibieron contracciones de los músculos de la cara y los párpados. Después de algunos otros signos de vida el sujeto expiró.

maria-estuardo2.jpg

Ejecución de Maria Estuardo

Ya la experiencia en aquel tiempo era atrevida, increíble y demuestra que las dudas de los cirujanos eran generales en cuanto a que la decapitación producía la muerte inmediata. Se aseguró también que la cabeza de Carlota Corday, ejecutada por haber dado muerte al revolucionario Marat, y a la que el verdugo abofeteó al mismo tiempo que la levantaba para que la viese el pueblo, emitió un grito de indignación ante aquel insulto.

ejecucion_carlota_corday.jpg

Ejecución de Carlota Corday

La discusión continuó por muchos años y desde el ensayo del Dr. Soemmering “Sur le supplice de la guillotine” y otros como el Dr. Sue, “Opinion du chirurgien Sue, Professeur de Médecine et de Botanique, sur le supplice de la guillotine”, aparecieron refutaciones del Dr. Cabanis y el Dr. Gastellier, la obra de Leveillé, cirujano del Hôtel-Dieu de París: “Dissertation physiologique” y la obra del Dr. Sédillot el joven: “Reflexions historiques e physiologiques sur le supplice de la guillotineª, hasta la famosa obra imaginativa de Villiers de l’Isle-Adam, ´Secret de l’échafaud”.

Soemmering decía estar convencido que si el aire circulase todavía regularmente por los órganos de la voz que no quedaban destruidos, esas cabezas cortadas hablarían.

guillotine06.jpg

Basándose en experiencias hechas sobre miembros amputados de hombres vivos, Soemmering observa que la sensibilidad puede durar hasta un cuarto de hora.
De ahí deduce que la cabeza cortada puede oír y pensar bastante tiempo todavía.

A todo esto el Dr. Sédillot asegura que el guillotinado está muerto ya antes de ser decapitado, desde el instante incalculable en que el pesado cuchillo golpea con su enorme contundencia la médula y el bulbo raquídeo antes de cortarlos.

Cabanis era más prudente, señalando que ningún decapitado ha podido contar lo que ha sentido.

guillotine07.jpg


19 comentarios

Otras entradas

¿Qué determina la posición de las patas de los caballos en las estatuas?

Clasificado en Historia, Preguntas y respuestas por Bender el 19 de Enero del 2007

Si en un parque o plaza vemos por ejemplo, una estatua de una persona a caballo que tiene las dos patas en el aire, la persona murió en combate.

alexanderstatue.jpg caballoalejandromagno.jpg

Si el caballo tiene solo una de las patas frontales en el aire, la persona murió de heridas recibidas en combate.

caballo14bolivar.jpg caballocid2.jpg caballoimagesvd4.jpg

Si el caballo tiene las cuatro patas en el suelo, la persona murió de causas naturales.

wellingtonstatue1.jpg


9 comentarios

Otras entradas

¿Es verdad que el té contiene más cafeína que el café?

Clasificado en Historia, Naturaleza y Biología, Preguntas y respuestas por Bender el 18 de Enero del 2007

Sí, el té posee mayor cantidad de cafeína, sin embargo, el café es más estimulante que el té porque éste se diluye fácilmente una vez consumido.

teq-cafeina.jpg

La cafeína fue aislada en 1820. Es el principal alcaloide de la Caffea planta típica del café y del Cacahuatl o cacao de cuyos granos se elabora el chocolate.

taza-cafe.gif

Con respecto al té suele haber una confusión porque en 1827, al ser aislado su principio activo, recibió el nombre de teína. Años más tarde un análisis molecular permitió descubrir que la teína era en realidad cafeína. Este alcaloide también se encuentra presente en el mate argentino y en la nuez de kola usada para preparar las bebidas de cola.

tea.jpg

La leyenda sobre el descubrimiento del café proviene de Arabia. Kaldi el pastor observó que después de haber comido las cerezas del cafeto, sus cabras retozaban con más brío que de costumbre, parecían más activas, más contentas. Kaldi también probó los frutos de la planta e inmediatamente lo embargó la euforia, se puso a bailar y aquella noche durmió menos que de costumbre. Kaldi compartió su hallazgo con uno de sus vecinos, un ferviente seguidor del Corán. Éste obtuvo los mismos resultados y recibió de Mahoma el secreto para preparar café a partir de los granos secos de la fruta.

tecafe2kaldi.jpgtecafe1kaldi.jpg tecafedc_history_kaldi.gif tecafekaldi.jpg

La leyenda sobre el origen del té proviene del Japón. Daruma, fundador del Budismo Zen, solía pasar las noches entregado al ayuno y la oración. Cierta noche no pudo resistir el sueño y cuando despertó, estaba tan molesto y decepcionado de sí mismo que se arrancó los párpados y los arrojó al suelo.

daruma03.jpg

Inmediatamente brotó de ellos el arbusto de té cuyas hojas han permitido a los monjes conservar el espíritu libre para la meditación desde aquel entonces.

tedaruma_r1_c1.gif tedarumakyusu-001.jpg


6 comentarios

Otras entradas

Sobre el cabello y su higiene en el siglo XVIII

Clasificado en Historia por Bender el 13 de Enero del 2007

wig1.GIF

El cuidado del cabello en la Europa del siglo XVIII, era de mucho estilo pero de poca higiene.

En la corte francesa se empezaron a usar pelucas a raíz de que el rey Luis XIV comenzó a utilizarlas debido a una calvicie. Se popularizaron entre la corte -absurdamente- pues tendían a imitar lo que el Rey usaba. Sólo podían usarlas los nobles y la moda se extendió a otras cortes europeas.

wiglouis14bighair.jpg

Luis XIV fue precursor esta moda peluquera.

Otros dicen que era una época en que habían muchas enfermedades venéreas (sífilis) que dejaban graves secuelas como caída del pelo y manchas en el cuello, partes del cuerpo, etc, ya que eran cortes muy “promiscuas”, y para disimular, se comenzaron a utilizar las pelucas, al igual que el maquillaje y los guantes.

wigpowder.jpg

Impulsadas por la reina María Antonieta, en esa época se imponían los colosales peinados de estilo alto. Los peinados altos sólo podían armarse con la ayuda de peluqueras y doncellas personales, que empleaban varias horas en combinar estructuras metálicas, almohadillas, trenzas de cabello y la mas amplia variedad de elementos decorativos, pasando desde joyas costosas hasta frutas y verduras.

wigmarie57.jpg

Maria Antonieta marcó la tendencia entre las féminas.

Al margen de lo caro que resultaban estos peinados, el verdadero precio era soportar la pesada e incómoda carga que frecuentemente provocaba dolores de cabeza y abscesos. Esto sin mencionar la proliferación de piojos y pulgas, que era algo bastante habitual dadas las condiciones antihigiénicas de la época, ya que lavarse el pelo era algo inusual. Se cuenta que de algunas pelucas, saltaban hasta ratones.

wigs.jpg

Otros aristócratas optaban por ponerse una peluca empolvada y tenían el cráneo afeitado como medida de higiene contra los parásitos, mientras que unas varillas de materiales preciosos, preferentemente marfil, servían para rascarse elegantemente la cabeza sin tener que quitarse la peluca en público.

wigmenswigs1.jpg

No se lavaban el pelo porque nó existían champus y los jabones eran muy grasosos, por lo que la moda de llevar pelucas también era debido a que debían estar presentables en las cortes (las usaban las personas ricas y de sociedad) y en ocasiones las reuniones no duraban horas, sino días.

wigmakerbarber.jpg

Barbería y tienda de pelucas.


4 comentarios

Otras entradas

¿Qué rito mortuorio practicaban los antiguos vikingos?

Clasificado en Arqueología y Paleontología, Historia, Preguntas y respuestas por Bender el 9 de Enero del 2007

viking.jpg Funeral vikingo, por Sir Frank Dicksee

Antes de la llegada del Cristianismo en el siglo XI, los escandinavos practicaban la cremación y el entierro.

Metían a los muertos en unos barcos-tumba que servían como cámara funeraria y luego eran enterrados o quemados en una pila. También había otra modalidad en la que se depositaba ese barco en el mar y se dejaba que navegara a la deriva, no sin antes prenderle fuego a la embarcación.

vikingshiphelly_aa.jpg

La muerte se veía como un viaje y se acompañaba a los muertos de su enseres y bienes más preciados para su uso posterior en la otra vida. Esto podía incluir desde armas, animales o incluso sirvientes.

vikingmaldon.jpg

Descubren en Noruega dos tumbas-barco vikingas de hace 1.200 años

Un equipo de arqueólogos ha descubierto en Noruega dos barcos-tumbas vikingas que se remontan a los años 800 o 900 y tenían numerosos objetos dentro como joyas o utensilios diversos.

vikingnorway_f10_sea.jpg

“Todo está en buen estado, algunos objetos llevan allí 1.200 años y eran de buena calidad, hemos tenido mucha suerte”, declaró a la AFP el arqueólogo danés Olle Hemdorff, del Museo Arqueológico de Stavanger (costa oeste noruega).

Los barcos-tumbas fueron descubiertos en Froeyland (a 22 kilómetros de Stavanger), donde las excavaciones comenzaron hace una semana. Los barcos miden entre seis y siete metros de largo.

viking-ship.jpg

En una de las dos tumbas, la de una mujer, a 15 centímetros de la superficie, se descubrieron joyas, perlas de cristal, un par de tijeras, un cuchillo, útiles y un molar. La segunda tumba es de un hombre.

“Creo que estamos ante un sitio funerario familiar”, indicó Hemdorff, añadiendo que las excavaciones en el sitio de Froeyland siguen adelante. Según el diario local Stavanger Aftenblad, los arqueólogos habrían encontrado también la tumba de un niño.

“Se trata sin duda de una familia acomodada, porque el bronce en aquella época era privilegio de una pequeña parte de la población”, explicó Hermdorff.

En total, más de 50 objetos han sido llevados al Museo de Stavanger, entre ellos un broche de bronce, precisa el diario.

“En 28 años de carrera, es mi descubrimiento más bello”, se alegró el arqueólogo.

viking67.jpg

Visto en Yahoo


3 comentarios

Otras entradas

vpn