El átomo
Clasificado en Ciencia y Tecnología por Bender el 19 de Noviembre del 2007

El átomo es la unidad de materia más pequeña que retiene su identidad como elemento químico. El nombre procede de la palabra griega que significa “indivisible”, y retenemos este nombre pese a que ahora sabemos que el átomo está compuesto de partículas aun más pequeñas.
La moderna teoría atómica data del filósofo natural inglés John Dalton, que publicó en 1808 un libro titulado “Nuevo sistema de filosofía química”. En este libro, Dalton propuso algo muy parecido a nuestra moderna teoría. Argumentó que para cada elemento químico hay un tipo diferente de átomo, y que diferentes materiales (lo que hoy llamaríamos compuestos químicos) son simplemente combinaciones diferentes de esos átomos.

John Dalton (1766-1844)
El primer modelo moderno del átomo fue propuesto por Niels Bohr, un joven físico danés, en 1912. El modelo es hoy conocido por los físicos como el átomo de Bohr. El rasgo central del átomo de Bohr es que los electrones pueden hallarse en órbitas a sólo ciertas distancias bien especificadas del núcleo. Las órbitas a esas distancias reciben el nombre de “órbitas permitidas” u “órbitas de Bohr”.

Niels Bohr (1885-1962)
Se necesita energía para que los electrones se muevan de una órbita más baja a una más alta, puesto que es preciso efectuar un trabajo para superar la fuerza de atracción ejercida sobre el electrón por el núcleo. Así, es preciso añadir energía al átomo para mover el electrón en esta dirección. Inversamente, si un electrón se mueve de una órbita superior a otra más baja, hay un exceso de energía de la que es preciso disponer.
Podemos observar que diferentes átomos poseen distintas órbitas de Bohr, puesto que la energía de un electrón depende de las fuerzas ejercidas sobre él por el núcleo y por los otros electrones, y ambos varían de un elemento al siguiente.

La emisión de luz corresponde a una transición de una órbita de Bohr más alta a otra más baja. Si por alguna razón un electrón se halla en una órbita más alta, puede saltar espontáneamente a otra más baja. Cuando hace eso, la diferencia de energía entre las órbitas inicial y final deja al átomo en la forma de un fotón. Éste es el proceso mediante el cual un átomo emite luz y otras formas de radiación electromagnética.
Cuando un átomo absorbe luz, los electrones se mueven de órbitas Bohr inferiores a otras superiores. La energía de un fotón puede ser absorbida por el átomo y usada para mover el electrón de una órbita inferior a otra superior.

La existencia de órbitas de Bohr explica que diferentes átomos desprenden colores distintos de luz. Cuando un electrón se mueve de una órbita a otra, debe absorber o emitir sólo una cantidad específica de energía.
Esto, a su vez, significa que cualquier átomo es capaz de emitir y absorber sólo esas mismas y discretas cantidades de energía. Puesto que la energía de un fotón se halla relacionada con la longitud de onda, y en consecuencia con el color, de su luz, cada átomo puede emitir y absorber sólo ciertos colores. Por eso, las luces de neón son rojas y las lámparas de vapor de sodio amarillas.

Un átomo absorbe lo mismo que emite. La absorción de luz por parte de un átomo corresponde al movimiento de un electrón hacia arriba entre dos órbitas, mientras que la emisión de esa longitud de onda de luz corresponde a mover un electrón hacia abajo entre las dos mismas órbitas.
Puesto que la diferencia de energía entre las órbitas no depende de la dirección del salto cuántico, de ello se deduce que si un átomo puede emitir un cierto color, también ha de ser capaz de absorberlo.
Los colores emitidos por un átomo son una “huella dactilar atómica”, porque no hay dos elementos que tengan exactamente las mismas órbitas de Bohr. Este hecho forma la base de la rama de la ciencia conocida como espectroscopia.
El hecho de que cada átomo emita y absorba un conjunto distinto de colores nos permite identificar la presencia de ese átomo en pequeñas muestras de material. Se acompaña un esquema del tipo de instrumento que puede usarse para analizar la luz de una muestra.

Los diferentes colores de luz emitidos por una muestra son desplegados por un prisma para proporcionarnos la “huella dactilar” de esa muestra en una placa fotográfica o (más normalmente) en un detector electrónico. El instrumento recibe el nombre de espectroscopio. Esa huella dactilar es distinta para cada átomo y molécula.
La espectroscopia ayuda a los astrónomos. A principios del siglo XIX, Auguste Comte, el fundador de la moderna sociología, publicó una lista de cosas que dijo que sería imposible llegar a realizar una. Entre las primeras de esa lista estaba el análisis de la composición química de las estrellas.
De hecho, el desarrollo de la espectroscopia en el siglo XIX nos permitió hacer precisamente eso. Observando la luz emitida por las estrellas, podemos detectar las huellas dactilares atómicas de los átomos presentes, aunque la estrella se halle a millones de años luz de distancia y nunca podamos poner nuestras manos sobre un trozo de ella.
Los físicos modernos tienen una extraña imagen del átomo. Puesto que se piensa en las partículas cuánticas como el electrón en términos de funciones ondulatorias en vez de partículas clásicas, piensan en los electrones como en nubes imprecisas que rodean el núcleo antes que como cosas análogas a planetas rodeando el Sol. Los lugares donde las nubes son más densas son donde es más probable que se halle el electrón.


















































































